viernes, 9 de junio de 2017

EL PRISIONERO Y LA PALOMA


Pasaban los días, los meses, y los años, y aquel triste prisionero permanecía encerrado en aquella lóbrega y húmeda mazmorra sin ver más luz ni más sol que el que se filtraba a través de los cuatro barrotes de su ventanuco, sin ver otro ser viviente que aquella dulce paloma que cada día iba a posarse en los hierros de su ventana como una fiel amiga.
A veces suspiraba el caballero y amargamente murmuraba para sí:
-Si no fuera por ti, dulce paloma, años ha que me habría vuelto loco; todo puede soportarlo el hombre menos esta horrible, esta desesperante soledad. Gracias te doy paloma blanca porque con tus alas me recuerdas todavía dos cosas imprescindibles para vivir: el aire y la libertad. Cuando te veo emprender el vuelo en el cielo, revoloteando alegre en el inmenso espacio, me parece que todavía existe en mí una razón de vivir; sigo tu vuelo y sueño, sueño despierto; me parece estar viendo el patio de mi castillo y a mis hijos jugando alegremente junto al lago, en los días soleados cuando trinan los pájaros. Gracias, paloma, no abandones nunca a tu pobre prisionero, dame fuerzas para resistir el tormento de esta soledad con tu compañía.
Toda la mañana permaneció el caballero junto a la reja de su ventana esperando a la paloma; tristes y llenos de lágrimas tenia  los ojos. De repente, una mancha blanca y roja apareció en el cielo. Pesadamente volaba la paloma; llevaba una flecha clavada bajo un ala y su blanco plumaje rezumaba sangre.
El caballero lanzó un grito de desesperación; la paloma cayó pesadamente al suelo...
En el castillo todos hablaban a media voz de lo mismo: uno de los prisioneros ha enloquecido. Horribles gritos salen de su boca y no cesa de llamar a una paloma...
El alcaide de la fortaleza ha dado orden de que el prisionero sea ahorcado, el día siguiente, al amanecer, en la almena más alta del castillo.
Al prisionero le ha sido comunicada la sentencia, pero ha permanecido inmóvil.
Sus ojos siguen desmesuradamente abiertos, escrutando el cielo y siguiendo el vuelo de los pájaros...
De repente, en el inmenso azul del cielo castellano aparece una mancha blanca. El prisionero se acerca más y más a la reja. Sus ojos cobran nueva vida ¡Otra paloma surca los aires y no sólo describe amplios círculos en el cielo, sino que se acerca cada vez más a la reja! El cautivo lanza un nuevo grito.
Ahora ya no es la expresión incoherente de una mente enloquecida, sino el grito exultante de un hombre que siente renacer su confianza. La nueva paloma es portadora de un mensaje de esperanza.
La paloma se posa entre las rejas, y el prisionero suavemente la despoja del arrugado pergamino. Emocionado lee: Señor: Mañana al amanecer daremos fin a vuestro cautiverio.
Todas vuestras mesnadas están preparados para el ataque. Pronto abatiremos esta orgullosa fortaleza en la que tantos años hace que estáis prisionero>>.
Las primeras luces del amanecer rasgan las tinieblas. Un capitán, tres soldados y un encapuchado rojo acaban de entrar en la celda del prisionero.
-Caballero, ha llegado vuestra última hora.
Haced gala de vuestro valor -dice el capitán.
-No es preciso que os molestéis en hablarle -murmura por lo bajo uno de los soldados-.
No entiende nada. Sólo sabe gritar como un animal herido.
El prisionero está de espaldas. Nada dice.
Una débil sonrisa aparece en sus labios. Se vuelve y habla con voz serena:
-Capitán, sólo Dios conoce la última hora de los hombres. Tal vez está más cerca la vuestra que la mía.
Todos permanecen atónitos. ¿Cuándo ha vuelto a recuperar la razón el cautivo?
A paso lento sube el prisionero los peldaños que lo separan de la horca...De pronto, redoblan muy cerca unos tambores y una lluvia de flechas  cae sobre el castillo. El capitán y los soldados corren a sus puestos. El verdugo intenta rematar su obra, pero una flecha se clava en su corazón y cae a los pies del prisionero...El cautivo sonríe y murmura:
-Gracias, paloma. Años y años creí en ti. No fue en vano.

lunes, 5 de junio de 2017

SOLSTICIO DE VERANO Y NOCHE DE SAN JUAN


El 21 de Junio se celebra en el hemisferio norte, el día más largo.
Definitivamente no es un día como los demás, la naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia.
Hadas y deidades de la naturaleza andan sueltos por los campos; los agricultores dan gracias por el verano, las cosechas, los frutos y disponer de más horas para cumplir con sus tareas y entregarse a la diversión.
También es el momento justo para la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.
La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad.
En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos.
Por esta razón fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera  del pleno verano a 20 de Junio para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía. En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de la montaña o lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas.
Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.
A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y aseguran el renacimiento del sol.